Koni es una pequeña aldea a 15 kilómetros de Korhogo dirección a M'bengué, en una comarca con una tierra diferente, muy rica en hierro. Los Senufo son, generalmente, pequeños agricultores (mangos, algodón, anacardos, arroz...), pero en Koni se concentran los herreros, gente que extrae, trata y modela el hierro. No sorprenderá a nadie si digo que el hierro se trata de una manera tradicional, artesanal. ¿Qué objetos son necesarios para un pueblo agrícola como el Senufo? Los instrumentos de labranza. Estos, junto con pequeños y sencillos motivos de decoración, son el resultado final.
Pero vayamos paso por paso.
En primer lugar, se encomiendan a sus deidades y, según un calendario preciso, extraen a pala la tierra de una zona concreta a unos 20 metros de profundidad. Solo ellos saben dónde y cuanto extraer, pues como bien sabéis, para los Senufo la tierra es sagrada.
Con un rudimentario imán, y armados de una paciencia infinita, separan los granitos de hierro para formar unas bolas de tierra. Se necesitan unas 400 bolas para pasar a la etapa siguiente.
La siguiente foto es un horno-fundición típico de la zona. Se calienta el horno, se sube a la cabaña y, en un agujero, se depositan las bolas de tierra rica en hierro. Para canalizar el humo, se utilizan unos tubos hechos de arcilla (como la que se ve en la foto anterior).
De ahí salen masas sólidas, mezcla de hierro y carbón, que se machacan y se pasan al segundo horno, para quemar el carbón y fundir las partículas de hierro.
El fuego del segundo horno, que consume el carbón y funde el hierro, se aviva con determinados ritmos que recuerdan a los sonidos del bosque sagrado. El hierro fundido cae en un pequeño recipiente y a medida que se solidifica, se le va dando forma en función del producto final que se desea.
Un trabajo intenso, en unas cabañas-horno adornados de motivos místicos.
A continuación, los productos creados.
(Os preguntaréis qué es esto... pues son los cacharritos que las mujeres utilizan para exponer sus frutas en los mercados de la zona).
(Reproducción en hierro de su trabajo).
Un trabajo arduo que sucumbe al producto industrializado e importado. Es por ello que ya casi no existen "forgerons" o herreros en la zona. Solo se conservan 8 hornos, que pretenden enseñar cómo trabajan hasta no hace tanto tiempo estos verdaderos artistas.
Aprovechando el mes de vacaciones, nada mejor que seguir descubriendo Costa de Marfil y, en especial, el País Senufo, etnia y cultura milenaria del Oeste de África. Tierra sagrada para este pueblo agrícola atrapado bajo un manto de misticismo.
Niofoin, localidad a una treintena de kilómetros de Korhogo dirección Boundiali. Desde 1969, Niofoin es la ciudad más importante de la comarca. Ciudad o pueblo? A pesar de ser oficialmente ciudad, su aspecto es claramente de pueblo, con sus casas y graneros de tierra y paja.
¿Por qué visitar Niofoin? Porque es la localidad que mejor conserva las tradiciones del País Senufo, especialmente por la conservación de las "casas de los fetiches". Con la palabra "fetiche", los Senufo se refieren a objetos que representan sus divinidades, objetos sagrados, a los cuales atribuyen poderes místicos. Visitamos las dos casas de los fetiches, embriagado de respeto, curiosidad e interés. Pues bien, nos dirigimos al barrio Niboladala, esencia de la tradición senufa, para descubrir Diby y Kalegbin.
Antes de visitar la primera casa o caseta, nuestro contacto nos lleva a la entrada de una casa donde nos hacen sentarnos. Esperamos unos minutos antes de que aparezca un "viejo" (vuelvo a subrayarlo: llamar viejo a alguien en África es tratarlo con respeto y admiración). El viejo es el jefe encargado de velar por la supervivencia de la primera casa de los fetiches. Nos pregunta primero si estamos bien, si deseamos un poco de agua (algo que rechazamos, más que nada por precaución) y nos pide desvelar nuestras intenciones. Respondemos: deseamos visitar la casa de los fetiches, nosotros, una familia de Korhogo y yo, un misionero laico en tierra senufa desde enero. Mientras explicamos, el viejo nos mira directamente a los ojos, con sus ojos enrojecidos, como si tuviera el poder de adentrarse en nosotros y descubrir los verdaderos motivos. Impresiona. Tras unos segundos de silencio y falta de respuesta, el viejo nos otorga su permiso. A modo de agradecimiento, le entregamos una cantidad simbólica para que compre un producto típico de aquí: el cola (unos granos que se utilizan como estimulantes y al que le confieren propiedades terapéuticas). Y acto seguido, andamos unos metros hasta descubrir la primera casa de fetiches.
Esta casa llama la atención por su techo de paja de gran altura. Pero hay más elementos extraños, que nos piden que miremos pero no toquemos: una vasija con agua a la izquierda de la puerta, cráneos de cabras a la derecha y unos asientos de piedra alrededor de otra piedra delante de la casa. No es posible entrar, pues dentro se conserva el fetiche Kalegbin, encargado de proteger a la población de cualquier hechizo o maldición contra el pueblo. Kalegbin está flanqueada por un pararrayos tradicional cuya finalidad es preservar la aldea de estaciones secas que pueden ser demasiado largas y rigurosas. Este fetiche tendría, por lo tanto, el poder para iniciar la lluvia. Cuando las lluvias son escasas e irregulares en la temporada de lluvias, se hierve el agua en un recipiente, siempre dentro de la casa. Se transfiere a continuación, a un olla pequeña y se coloca en el lado de Kalegbin hasta que se enfríe (la vasija de la izquierda). Este ritual ayudaría a la formación de nubes y la apertura de las válvulas del cielo para que llueva. Estas creencias están profundamente arraigadas en la tradición.
Y tras esta breve visita, nos dirigimos hacia la segunda casa, no antes sin visitar a otro viejo, que procede exactamente igual que el primero. Tras acordarnos su permiso, nos acercamos a la casa del fetiche Diby.
Diby, o el fetiche negro, es el encargado de dejar caer una espesa niebla para evitar que el enemigo avance hacia el pueblo en caso de conflicto. De forma cónica, esta casa tiene la cubierta o techo más grande del pueblo, más gruesa y más bonita. Diby goza de un privilegio: ser el primero en recibir su cubierta de paja cada año. Nadie puede cubrir ninguna casa con paja antes de haber dejado una parte sobre el fetiche. Por lo tanto, el número de capas de paja determina su edad. Los residentes de Niofoin confían regularmente en el fetiche Diby sus problemas de salud y sus deseos. Se recomienda el sacrificio de animales a quien desea expresar su gratitud y lealtad al fetiche, después de la recuperación o la realización de sus deseos. Es el fiel compañero del hombre, el perro. Esto es lo que explica la presencia de muchos collares de perro, dispuestas en racimos alrededor del fetiche.
La casa, de arcilla, está decorada con representaciones de los genios o deidades, así como de serpientes, símbolos del poder místico, curador y destructor del fetiche. Y delante de ésta, se encuentra el Kafounda o "plaza", con la caseta de los sabios al lado, donde se instalan los cuerpos cuando alguien muere y es juzgado.
Impresiona, verdad? Pues para rematar una buena visita, nada mejor que aprovechar el día de "marché" (mercado tradicional). Mercadillo donde cualquiera instala sus productos (alimentos, ropas, medicamentos -farmacéuticos o tradicionales-...). He aquí algunas fotos del mercado:
Vendiendo "des baignés", bolas rellenas de carne.
Un producto típico de la zona: pescado seco y rallado para condimentar las salsas.
Utensilios de cocina.
Utensilios tradicionales para el arroz.
Jabones artesanales.
Morteros e instrumentos de agricultura.
Medicamentos.
Un curandero explicando las propiedades de los productos naturales que vende.
Como veis, una jornada más que interesante. ¿Qué os produce todo lo que he descrito?
Comparto con todos esta canción que he descubierto mientras escribía este artículo. Una canción que ha conseguido llenarme los ojos de lágrimas, con una preciosa voz. La canción favorita de mi osaba al que hoy, día 15 de agosto, hace exactamente un año desde la última vez que lo vi. Para él y para mi familia, mi recuerdo, mi reconocimiento y mi admiración.
Tras 11 días descubriendo otras regiones de Costa de Marfil, el domingo por la noche llegamos a Korhogo sanos y salvos. Unos días en los que hemos disfrutado, admirado y gozado del paisaje, cultura y gentes de este diverso país. Iré contando las vivencias en el blog. Pero antes quisiera compartir con vosotros otra vivencia anterior a las vacaciones.
La última semana de julio me invitaron a visitar una ONG-escuela, que se llama "Aide Côte d'Ivoire".
Como bien sabéis, en 2002 estalló la rebelión que se apoderó del 60% del territorio norte del país. Una rebelión fruto del descontento político y socioeconómico del norte, ahogado económicamente durante décadas. El país quedó entre 2002 y 2010 dividido en dos, como si de dos países se tratase: el sur bajo control gubernamental y el norte... en situación de anarquía, sin gobierno, sin inversiones (el dinero se destinó a gastos militares). En este contexto, un grupo de voluntarios se organiza para fomentar la escolarización de los niños y niñas más pobres. Voluntarios que carecen de financiación, por lo que todos los esfuerzos recaen en pequeñas donaciones para sirven para pagar el alquiler del edificio, así como en los bolsillos de dichos voluntarios, destinando una parte de su sueldo (de otro trabajo). Un verdadero esfuerzo. Un sacrificio por el bien de esta infancia desprotegida.
(El director)
(Aquí es donde los más pequeños juegan... digamos que la zona "pre-escolar").
(Boletín de notas. Aunque los alumnos de esta ONG no vayan a un colegio "oficial", a la hora de hacer exámenes oficiales, son considerados como alumnos de un colegio próximo, para que puedan continuar los estudios).
(El edificio es una casa, cuya sala está dividida en dos -una clase se escucha a la otra-, con sus cuartos convertidos en clases... En total, escolarizan a unos 100 pequeños, de familias que no tienen ni para comer).
(En total son 7 clases como ésta: la sala "pre-escolar", y 6 otras de primaria: CP1, CP2, CE1, CE2, CM1 y CM2. A modo de comentario... las mesas y las sillas han sido fabricadas por los mismos profesores-voluntarios, utilizando las cajas de madera que anteriormente han servido para "embalar" motos).
(El patio...)
Como veis, es impresionante la labor de este grupo de voluntarios en un país en el que el 67% de los niños y el 56% de las niñas están escolarizados (datos 2008-2011, de UNICEF). Sin ningún recurso... simplemente con la voluntad de alfabetizar a la infancia más pobre. Me quito el sombrero y aplaudo su gran valentía y compromiso. EL SABER ES EL PODER.
En dicha visita no pude evitar pensar en la realidad occidental. Dura, también, pero diferente. ¿Podemos hablar de recortes aquí? Un solo mundo, una sola infancia... pero realidades aplastantemente diferentes e injustas.
Bien... pues el Centro Don Orione en el cual colaboro ha cerrado las puertas hasta el 2 de septiembre. Comienzan nuestras vacaciones, las cuales aprovecharé para visitar el resto del país (Abidjan, Yamoussoukro, Grand-Bassam, Alépé...) con el Peugeot 205 que las Hermanas me han dejado. Así que hasta la vuelta, me temo, no tendré ocasión de escribiros. Pero prometo fotos, comentarios, anécdotas...
Así que deseadme buen viaje con un WAPIE TCHANGA! Yo me encomiendo a San Ignacio de Loiola para que no pase absolutamente nada fuera de lo programado.
Quiero agradecer a quienes leéis mis vivencias en Costa de Marfil, especialmente a los irreductibles que siempre me escriben y que me hacen llegar su cariño, recuerdo y apoyo, que como os podéis imaginar, lo necesito a menudo. BESARKADA HAUNDI BAT!
Hace algo más de una semana, tuve la oportunidad de visitar Waraniéné, una visita relámpago pero que me impresionó, no solo por lo que vi, sino por cómo me acogieron.
Waraniéné es un pequeño pueblo a unos 5 kilómetros del centro de Korhogo. Es en este pueblo artesanal donde se fabrican los típicos y tradicionales boubou senufo (una de las 60 etnias de Costa de Marfil), así como todo tipo de objetos de arte. La novedad es que todos los artículos están fabricados con elementos naturales. Nada es de importación, y aún menos, artificial!
Para tejer un boubou, el hilo se obtiene de dos maneras: mediante tejedoras tradicionales, de madera (método manual y muy muy lento) y mediante la transformación del algodón traído de Bouaké, en el centro del país. Los hilos obtenidos son juntados y tejidos por los artesanos gracias a sus "máquinas de coser" que llaman la atención. Nunca antes había visto nada parecido!
Los costureros, a la vista de todo el mundo, crean sus modelos a partir de banda o modelos. Se trata de todo un proceso en el cual prácticamente todos participan: mujeres, hombres y niños. Entre todos contribuyen a fabricar los bubús (boubou) masculinos, femeninos o infantiles, sábanas, mochilas, manteles, etc.
En cuanto a los objetos de arte, éstos se fabrican con arcilla, granito o madera tallada (de manera excepcional)! Los diferentes colores utilizados provienen de estratos de corteza, raíces y hojas de árboles. Ningún color proviene de alguna industria. Los collares, las pulseras, los pendientes, los cuencos... son verdaderas obras de arte! Y lo que más me gusta de ellos es que sacan el mejor provecho de la naturaleza, de manera limpia, ecológica, respetuosa con el medio ambiente.
Se organizan bajo una cooperativa, que se llama Association des Jeunes Artisans de la Côte d'Ivoire (AJACI: Asociación de Jóvenes Artesanos de CI), y del cual ellos solos forman una sección. Hasta hace varios años, estos artesanos trabajaban bajo pequeños toldos de troncos y madera. Hoy en día mantienen esos toldos, aunque la mayoría trabajan en espacios construidos por una ONG alemana.
Estos artesanos tienen un solo deseo:
"Que nos construyan una fábrica de transformación de algodón en las cercanía, ya que ir hasta Bouaké para comprar hilos de algodón nos resulta muy caro. Y sería lo justo, puesto que este algodón es producido en nuestra tierras, en el Norte".