El mes de agosto ha sido intenso. El mismo día 1 comenzó el viaje que me permitió conocer otros rincones de Costa de Marfil; días de descubrimiento, de apreciar la diversidad étnica-cultural, religiosa, lingüística, natural, incluso económica. Tras ello, vinieron días de escapadas por la región del Poro, en el Norte, el País Senufo: los herreros de Koni, la pintura sobre tela en Fakaha, las casas-fetiche de Niofoin... También fuimos tres días a Boniéré, cerca de Bouaké, en el centro-norte del país, para ayudar a una religiosa en las tareas administrativas respecto a las personas con discapacidad. Sin tomar respiro, volvimos a Korhogo para, a la mañana siguiente, salir a Yamoussoukro, capital política del país, en peregrinación para el fin de semana.
Como veis, un mes intenso, de ajetreo. Pero de tanto descubrimiento que el cansancio -y el esfuerzo económico- merecía la pena. No tengo duda. Hoy soy aún más rico como persona.
Y para acabar el mes, nada mejor que acudir al retiro espiritual que las hermanas de la congregación Les Xavières. Se trataba de 5 días (de miércoles a domingo) de silencio exterior e interior. El sitio era inmejorable: una pequeña aldea llamada Lataha a una decena de kilómetros de Korhogo. Allí la Diócesis dispone de un centro de espiritualidad en el corazón mismo del Bosque Sagrado que los jefes tradicionales regalaron a la Iglesia.
Han sido unos días sumergidos en el silencio y la oración. Silencio extremo, pues ni en las comidas hablábamos, sino que escuchábamos música, o algún testimonio grabado... El primer día resultó duro, pero a partir del segundo, me veía a gusto en el silencio. La oración y el silencio, en medio de ese paraje rodeado de árboles salvajes, cabras, alguna vaca... sencillamente, ha sido maravilloso!
Además he podido disfrutar de los ejercicios espirituales -con el acompañamiento- de San Ignacio de Loiola. 5 días que, iluminados por la Palabra de Dios, suponían un espacio necesario para retroceder la mirada a lo vivido desde mi llegada a Korhogo (y otros momentos de mi vida allí en Euskadi) y ver cómo enfocar los 3 meses que me quedan aquí.
Sabéis una cosa? Sentí PAZ. Muchas paz interior.
Los temas fueron diversos, pero todos relacionados unos con otros:
- El miedo del ser humano.
- Del miedo a la confianza.
- La libertad de espíritu.
- Jesús, un hombre liberado de todo miedo.
- El combate espiritual.
- Jesús nos libera de todo miedo.
- Resurrección es libertad y confianza.
El sábado por la noche, en silencio, vimos una película que me ha llegado al corazón: "De dioses y hombres", basada en hechos reales, de una comunidad de monjes en una aldea de Argelia. He aquí el trailer:
Y el domingo, como colofón, celebramos una Eucaristía a la que asistieron los que preparaban la comida y algunas personas de la aldea.
Maravilloso, simplemente maravilloso. No tengo palabras. Y todo ello, desde una gran diversidad: entre nosotros había un amigo-hermano musulmán, había religiosas y laicos. Y es que desde la diversidad se puede convivir. Podemos enriquecernos.
Tras llegar a casa y cenar, recibimos una llamada con malas noticias. Jean Marie es un niño que vive en nuestra casa, un "protegido", huérfano de padre por VIH y madre muy pobre y con la misma enfermedad. La madre había sido trasladada a una "clínica", por llamarlo de una manera, ya que no se tenía en pie, ni tenía fuerza para hablar. Nos desplazamos rápidamente a ese sitio. Vi claramente una persona muriéndose poco a poco, sin fuerza, en una cama minúscula en una habitación sucia. No sabía ni qué decir. Solo tomé de la mano a la mujer, con mis dos manos. Una mano como muerta. Sin fuerza, sin movimiento. La miré a los ojos, sin decir una palabra. Mantuvimos una conversación solo con la mirada. Vi en sus ojos la tristeza y el agradecimiento. Y salí de allí. Un momento inexplicable. Sentí paz en mi interior.
Y hoy lunes, tocaba volver al centro para personas con discapacidad. A las 17.30 horas, hora a la que salimos, viene un responsable de Cáritas y nos comunica que un niño de 12 años ha fallecido por un brote de paludismo. Ese niño, Issouf, era alumno mío. Un niño que en el pasado sufrió un neuropaludismo que le imposibilitó la marcha y el lenguaje. Tras años de terapia en el centro, este cariñoso niño había empezado a hablar y a caminar con la ayuda de zapatos ortopédicos. Incluso había vuelto al colegio! Y no solo alumno mío, sino que participaba en la misa de la parroquia Saint Louis, en la que participo, pues él vivía al lado. Increíble, verdad?
Pero, estimados lectores, estoy extrañado. Me da pena, mucha. Pero siento paz en mi interior. Una paz rodeada de una realidad horrible, de una crueldad atroz. Siento paz. Creo que estoy aprendiendo a convivir con la muerte. Los africanos viven y conviven con la muerte. Me estoy volviendo africano.
A esos niños que he conocido y han desaparecido, mi recuerdo, mi admiración. Mi corazón.
Aún queda mucho camino por hacer. Muerte... dolor... pero esperanza y amor. Amor por quienes los protegen y protegemos. Esperanza de que algún día, gracias a todos nosotros, no existan estas injusticias.
Como siempre, de la mano... MUERTE Y RESURRECCIÓN.

