sábado, 16 de noviembre de 2013

UN ANGEL PARA TRANSMITIR EL MENSAJE Y CARIÑO FAMILAR

Hoy, sábado 16 de noviembre de 2013 ha sigo una jornada intensa, pero con una carga de emoción incomparable.

A los pocos días de llegar a Korhogo, en enero, mi tío Javier falleció repentinamente. Fue un comienzo duro, no me lo esperaba en absoluto. Sentía impotencia por no poder estar presente en esos momentos con mi familia, arroparlos con mi cariño. Por lo cual, conozco bien lo que se siente cuando alguien importante en tu vida desaparece cuando te encuentras a miles de kilómetros de tus seres queridos.

Mathieu Silué, es un cura senufo, que se encuentra en Italia desde hace unos años y es amigo de la familia que me acoge, de mi familia. Hace dos semanas perdió a su tío en un accidente de carretera. Puedo imaginarme cómo se siente en estos momentos.

Dos semanas después, hoy se ha celebrado el entierro en un pequeño poblado cerca de Napié. Teníamos que estar allí. Seguido del entierro, deberían celebrarse los funerales. Pero ayer o antes de ayer, hicieron un rito de consulta a los genios, y éstos les dijeron que no tenían que celebrarse aún, porque se trataba de un accidente. Misticismo. Realidades que se nos escapan...

Hemos ido en moto, y en cuanto hemos llegado, nos han dicho que ya habían realizado el entierro, por lo que tras unas palabras con la familia y la gente del pueblo, nos hemos dirigido al cementerio, cerca de las casas, para hacer una oración por el eterno descanso del difunto.


Y a continuación, hemos ido a saludar a los "viejos". A la madre de Mathieu, y al jefe de la familia. En cuanto me han visto, al ser blanco, se han levantado con una gran sonrisa, dándome bendiciones, ya que consideran que el hecho de que un blanco esté ahí, está representando al hijo y sobrino Mathieu. Se han deshecho en elogios hacia mí. Un momento indescriptible, intenso, mágico... y es que Dios no entiende de distancias ni fronteras. Por eso mismo, con la intención de hacer llegar a Mathieu el estado de ánimo de la familia, les hemos pedido que le manden algún mensaje en grabación. Primero la madre y jefe de familia han transmitido el mensaje. No lo entenderemos, hablan en senufo. A cada bendición acompaña un gesto característico de los Senufo, pegar los dedos o la palma de la mano en la frente. ¿Qué significa? Que recibimos la bendición de Dios-Kolotcholo y que no deseamos que salga de nuestra cabeza, siendo conscientes de la misma. 


Tras este mensaje, el "viejo" ha querido rezar y hacer bendiciones desde el fetiche de la familia, que se encontraba en la entrada de la casa. Este fetiche es un monumento que se adora en la religión tradicional animista y que protege a toda la familia. He aquí el vídeo:




Y tras despedirnos con grandes abrazos, hemos vuelto donde se encontraba la mayoría de gente para "demander une partie de la route" o pedir una parte del camino (permiso que se pide a los locales para que puedas salir del pueblo), no sin antes recibir una decena de bendiciones: "que Dios os guíe en el camino hasta casa", "que Dios bendiga vuestra familia", "que Dios os de la salud necesaria", etc.


Sinceramente, ha sido una mañana mágica, excepcional. He sentido el cariño sencillo y profundo de esta gente, y me he sentido como un ángel, un mediador, para tranquilizar a Mathieu de que su familia se encuentra bien, que estaban tristes antes de mi llegada, pero al verme, que han visto en mí a él. 

Como véis, amigos y amigas, África es sinónimo de misticismo. Y por muy lejos que estemos, Dios permite unión y fraternidad, cuando el corazón está limpio. No entiende de distancias. No entiende de razas. Dios nos ama a todos.

Desde aquí, mi más sentido pésame a toda la familia y mi más cálido y fraterno abrazo a Mathieu, al cual tranquilizo y agradezco por haberme elegido como representante suyo. Que el alma del difunto descanse en paz. Que la tierra le sea ligera.

miércoles, 13 de noviembre de 2013

"DEJAD QUE LOS NIÑOS SE ACERQUEN A MÍ"

La de ayer fue una jornada inolvidable, una de esas que quedarán grabadas en mi mente, sino en mi corazón. Y es que ayer, Junior cumplía 3 añitos. El niño de mis ojos.

Soy hijo único, tras 14 años de matrimonio sin hijos. Nunca he considerado ni bueno ni malo el hecho de serlo. Muchas veces preguntan si he echado de menos tener hermanos... Pero cómo voy a echar de menos algo o alguien que nunca he tenido? Ni para jugar, pues siempre jugaba en la calle, con mis amigos del barrio, de los cuales guardo grandes recuerdos. 

El niño de mis ojos. Sí, no puedo esconder el amor que siento por este pequeño trasto que con sus ruidos y gritos no me deja descansar. Junior no es el hijo de la familia que me acoge. Se ha convertido en el pequeño hermano que nunca tuve, en el sobrino que no tengo y al cual puedo darle caprichos y, con permiso de su madre y su padre, en un hijo. Cuando te das a los demás desinteresadamente, Dios te lo devuelve con creces, y éste es un ejemplo más.


El hecho de pensar que en 15 días pongo punto final a una experiencia de casi un año me llena el corazón de sentimientos encontrados. Pero cuando pienso en Junior, me invade la tristeza, la pena... La distancia será grande, y el pequeño no entenderá absolutamente nada. Será la persona a la que más echaré de menos, y sé que él también me echará mucho de menos. Mis lágrimas recorrerán mis mejillas, no me cabe duda. Pero son lágrimas por personitas como él a los que quieres. Dios ha puesto Junior en mi corazón. De por vida.

Como os decía, ayer fue un día especial, por el cumpleaños de Junior, que nació el 12 del 11 del 10. La víspera compré napolitanas, una para cada uno de la casa (somos 6) que lo suyo costaban. No es precisamente algo que la gente se pueda permitir. Pero nada mejor para iniciar uno de los días más dulces que he vivido en Korhogo.

A la tarde, me desplacé a la guardería de Junior. Esta guardería se llama "Les enfants de Saint Louis", construida en el recinto parroquial de Saint Louis de Téguéré. Una guardería que mi buen sacerdote y amigo Ramón construyó cubriendo así una necesidad para estos niños del barrio Téguéré de Korhogo. Tras tomar un café en el chiringuito de Hamed, me dirijo a la guardería, por cuyas puertas los niños salen en tropel a saludarme. "Bonjour mon père!!!" ofreciéndome la mano. Un blanco en Korhogo... ha de ser cura sí o sí. No solo para los niños, sino también para muchos mayores.


Junior se encontraba en el centro de la clase, delante de la mesa. Las profesoras le ponen una diadema "Happy birthday" que Ramón regaló a la guardería, y los niños empiezan a cantar en francés e inglés. Sonrisas, felicidad inocente... Y se reparten las galletas, las bolsas de "chipsy" (bolitas como gusanitos) y caramelos que Alphonse ha comprado para toda la guardería. Y todos salen corriendo al patio, donde se encuentran algunos columpios. Mi Junior no se va muy lejos, como mucho a un metro, como si de un pollito cerca de mamá gallina se tratara.






"Les enfants de Saint Louis" solo tiene tres aulas, petite/moyenne/grande section, bien equipadas, con una ducha y un baño... Muy bien equipado. No tengo duda de que es uno de las mejores guarderías de Korhogo, y sin duda el mérito lo tiene Ramón, a quien 40 años de misiones y servicios en África avalan. Compromiso con los más pequeños, compromiso por la gente, compromiso por Dios. Desde aquí mi aplauso!



Y a la noche nos juntamos la gran familia alrededor de dos mesas para cenar. Buen ambiente, charlas amenas, etc. Y como colofón del día, la tarta que encargué a un marroquí en Korhogo: una gran tarta de chocolate y vainilla, que tras cortarla en trocitos, repartimos a los presentes y a los niños de nuestra "calle". Un momento precioso, mágico... aunque Junior no quiso comer un trozo (pensaría que era medicación). Como os podréis imaginar, pocas tartas se ven por aquí.





Y con esto finalizó un sencillo pero maravilloso día. El día de Junior. De mi txiki. Porque en la sencillez está la belleza, está lo humano y está Dios.

KOLOTCHOLO WO CHO!

martes, 5 de noviembre de 2013

PARQUE DE ATRACCIONES EN KORHOGO

Gabon, tiangona, bona nit, buenas noches!

Es tarde para escribir, lo sé. Pero merece la pena. Al salir del trabajo, pasando por la plaza de la Independencia mientras me dirigía hacia la peluquería, he visto que habían instalado unos tiovivos, cercados por una verja.

Al llegar a casa, hemos cenado y, puesto que mañana los pequeños no tienen colegio al ser miércoles, nos hemos propuesto ir al parque de atracciones instalado en Korhogo.

Al ser 6 en la familia, vamos en dos motos: Alphonse con Edith y Junior, y yo con Tchéwa y Jean Marie.



Al llegar, hemos de pagar 100 francos CFA para poder entrar. 100 F CFA, que equivale a 0.15 euros. Así era la entrada:


Una vez dentro, la variedad no es, a ojos de un occidental, precisamente llamativa, aunque los niños -y los padres- dibujan una enorme sonrisa. 

Me dirijo a la taquilla y miro el precio: 400 francos CFA por ficha, por lo que decido comprar 6, que suman 2.400 francos, es decir, 3.50 euros. Y montamos en la primera atracción, los autos de choque. Me llama la atención la poca velocidad que adquieren, pero los niños siguen felices... Sonrisas enormes por unos choques leves. 




Después, a escasos 10 metros, se encuentra la típica Rana, pero de avionetas. Sube lentamente y baja a trompicones leves, a poca velocidad. La altura es mínima, pero para la gente de Korhogo, que no conoce alturas (pues las casas no son en altura, sino en horizontal), es de vértigo. Ah... y prefiero no hablar del ruido que saca el aparato. Parecían estertores y al principio incluso he sentido miedo, miedo a que se rompiera. Dos atracciones en una: la rana y la casa del terror. Todo en uno. Pero ellos... contentos, sonriendo y riendo, aunque al principio, las caras eran más bien de desconcierto.




Y poco más, salvo una ruleta de la suerte en el que había que apostar (no hemos jugado) y el típico tiro de pelotas a 6 botes roñosos, al cual hemos jugado, 3 pelotas a 100 francos (0.15€). El ridículo que he hecho es espantoso: incluso Tchéwa ha tirado más botes que yo (ella 2, yo 0). 



Y con esto ha finalizado la visita al Parque de Atracciones de Korhogo.

Como veis, ni comparación con lo que en Occidente conocemos. Pero he de deciros una cosa: la felicidad e ilusión que he visto aquí no puede compararse con lo que conozco en Europa. Hace más ilusión poco en Korhogo que mucho en Europa.

Diferencias... diferencias en todos los sentidos. Pero la gran diferencia es la siguiente: la facilidad para sacar una sonrisa.

Y es que... con qué poco deberíamos conformarnos! Pero no... preferimos ser unos insatisfechos y unos infelices.

Wapie gniena! Kolotcholo wo cho!



domingo, 3 de noviembre de 2013

SERPENTEANDO EL MERCADO DE KORHOGO

Korhogo, sábado 2 de noviembre de 2013.

El sol luce con todo su esplendor al despertarme, prometiéndonos un día caluroso en todos los sentidos. Y efectivamente, así lo fue. Marta y Cristina llegaban a nuestra casa gracias a la inestimable colaboración de Habib, que nos prestó su coche y su disponibilidad para acoger a estas dos misioneras madrileñas que llegaron hace casi dos meses a Daloa, en el centro de Costa de Marfil. No las conocía en persona. Pude contactar con Marta estando ella aún en Madrid, gracias a Mertxe, una hermana Mercedaria Misionera de Berriz a la que no veo desde hace años. Así que estos días me he convertido en anfitrión, junto con mis hermanos Senufo.

Sábado... y tocaba día de mercado en Korhogo. Teníamos que aprovechar la ocasión y entrar en ese espacio-mundo de caos ordenado y convivencia entre las dos etnias presentes: los Senufo y los Dioula. 

Los mercados senufo surgieron de la necesidad de intercambios directos en el interior de cada localidad, por lo que cada localidad y pueblo posee un mercado. Los protagonistas son esencialmente femenina y local y en su día, estos intercambios no tenían por objetivo tener ganancias económicas, sino intercambiar los productos que producía la familia y así conseguir mediante trueque lo que necesitaban. Los mercados se desarrollaban en una plaza céntrica, plaza de transacciones, llamada "Tyéplé".

Los mercados o Tyéplé no se reducen al pueblo o localidad, sino que son mercados de ámbito regional e itinerante. Y es que, efectivamente, se desarrollan con una periodicidad de 6 días. Cada día se celebra un mercado en una determinada localidad. Es decir, el 2 de noviembre era día de mercado en Korhogo, por lo que el siguiente mercado de Korhogo se celebrará el día 8, viernes. Hoy se estará haciendo mercado en otra localidad, y mañana en otra... Con la periodicidad de 6 días, los mercados se organizan de tal manera que los participantes no tengan que andar más de 3 horas (a pie, aunque hoy las camionetas mejoran las comunicaciones). Por lo tanto, el País Senufo está subdividido por zonas mercantiles cuyo centros de actividad son las grandes ciudades o grandes pueblos como Korhogo, Sinématiali, Ferké, etc.

Lo más llamativo es que la policía no está presente. En caso de robo o trampeo, la gente se abalanza sobre "el impostor" y lo lleva hasta la casa del jefe tradicional donde será juzgado bajo el árbol de su patio.

Pues bien, volviendo a nuestra mañana korhogolesa. Habib lleva a Edith, que tenía que hacer compras, Cristina e Issa (mi buen amigo y hermano) y yo llevo en moto a Marta. Tras despedirnos de Edith delante del mercado, nada mejor que tomar un buen café antes de adentrarnos en un laberinto de callejuelas repletas de gente, mujeres sobre todo. 

(Entrada al mercado de Korhogo)

Os presento pues unas fotos significativas con una breve explicación.

El Pueblo Senufo, al ser un pueblo agrícola, dispone de verduras. Esta mujer vende los suyos: cebollas, tomates de pequeño tamaño y un producto muy local, el iñame (ignam en francés), un tubérculo similar a la patata, pero marrón y de gran tamaño.  

Este señor vende diferentes tipos de cebolla, muy utilizada en la cocina local. 

 Un condimento para numerosas salsas: el pescado seco, que se destroza y machaca para dar sabor a las mismas.

Esta mujer, junto con su familia, vende numerosas plantas, troncos y hojas, todos ellos medicinales, aunque también sirven para las comidas. Un pueblo agrícola y con creencias animistas conoce mejor que nadie las propiedades terapéuticas de cada regalo que da la naturaleza. 

Puesto de naranjas y mandarinas. Aquí son siempre verdes y amarillas, por dentro y por fuera, pero tienen un sabor buenísimo. 

 Estas mujeres ofrecen diferentes especias y granos para la cocina.

La electricidad es un lujo, por lo que generalmente se cocina con carbón. Cada saco que véis cuesta 2.500 Francos CFA (alrededor de 4 euros). 

Entre puesto y puesto, siempre hay alguna mujer cocinando para venderlo al momento, por si alguien necesita picar. Esta cocinaba unas bolitas de carne que, por su sabor, parecía hígado. 

Imposible concebir la gastronomía africana occidental sin el producto estrella: el pimiento picante, el chile. La gente compra grandes cantidades, ya que es inconcebible comer algo que no sea picante. 

Esta mujer expone sus "arachides", fruto seco que al tostarlo se convierte en cacahuete. Producto muy frecuente en esta zona, tanto en las comidas (con la salsa arachide) como para picotear, frescos o tostados. 

Estas viejas (recordemos que llamar viejo aquí es reconocerle prestigio, honor y admiración) venden granos de karité, unos granos que sirven para hacer una masa llamada "mantequilla de karité", que puede utilizarse ligeramente para la cocina pero sobre todo como pomada reparadora de la piel. Los masajistas locales utilizan el "beure de karité". 

Alfarería variada. Siempre hecha por mujeres, ya que los Senufo creen que las obras de creación del universo se atribuyen a una divinidad femenina.

Frutas secas y despiezadas para aderezar los platos. Siempre se les atribuye fines terapéuticos. 

El símbolo de África Occidental por excelencia: la calabaza. Recipiente que sirve para compartir agua y dar la bienvenida. También sirven para hacer pociones con los productos del Bosque Sagrado. 

Antes os enseñaba los granos de karité. Pues bien, así es la mantequilla, que se vende por kilos. Un kilo cuesta alrededor de 600 Francos CFA, algo menos de un euro.

En esta esquina hombres y mujeres cortan los iñames (incluso sin mirar, a golpe de machete). Los venden ya cortados en cubitos. 

Otro producto estrella, no del País Senufo, sino del Sur de Costa de Marfil: la banana. Tanto para comer fresco o para cocinar. Los hay dulces y menos dulces (los menos dulces sirven para hacer el "alloco", el acompañamiento típico en esta parte de África). 

Venta de pescado ya frito. Como veis, las medidas de higiene son más bien limitadas. 

La carnicería, donde venden sobre todo pollo, ternera, buey y cordero.  

"Pâte d'arrachide", es decir, la pasta del arachide (para hacer cacahuete) que cociéndola con algunas verduras y carne, se convierte en crema de cacahuete. 

Miles de especias vendidas en pequeños sacos.

Como veis, el mercado de Korhogo es todo un universo, donde también se venden telas, ropas y cachibaches (sacos para sacar agua del pozo, cuerdas, etc...).

Mi prima Arantza me dijo una vez que solo con visitar el mercado de una ciudad es posible conocer cómo es la gente y la tierra. Y así es. El mercado es un universo donde conviven Senufos y Dioulas. Los Dioulas, pueblo nómada y comerciante, son especialistas en hacerse dinero. Los Senufo aún conservan ese afán de no enriquecimiento, sino de supervivencia. Hoy, lógicamente, el trueque ha desaparecido. Pero el valor y el espíritu perviven en ese espacio caótico y sin ley. Un espacio que cada vez más se ve sometido a la "invasión" de productos ya fabricados en el extranjero.

Una preciosa mañana en la que el calor era tal que acabé con la camiseta totalmente sudada, pero eso era lo de menos. Lo realmente importante es lo que vimos y sobre todo, la compañía. Una compañía inmejorable.