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sábado, 12 de octubre de 2013

LE PLATEAU D'ABIDJAN

Mirad esta foto:


No, no es la foto aérea de una ciudad europea o norteamericana. Es el barrio "Le Plateau" de Abdijan, capital económica de Costa de Marfil, que desde el aire se asemeja a una ciudad occidental pero que, al pasear por las calles, te encuentras con la terna social que impera en todo el país: una gran variedad de estilos, religiones y etnias distintas. Sin embargo, el Plateau ha sido citada durante muchas décadas "el pequeño Manhattan" y su similitud a una gran ciudad occidental ha de contextualizarse, pues no es fortuita. Es un barrio que se debate constantemente entre apropiación de la herencia colonial francesa y la asimilación incompleta de estilos urbanos occidentales. En cualquier caso, es el barrio mas "chic" del país, un auténtico centro financiero y de poder. Es aquí donde encontramos los grandes bancos, las grandes infraestructuras, hoteles de renombre internacional, el palacio presidencial, la mayoría de embajadas... 

Querría plasmar un texto de Kourouma, uno de los grandes escritores marfileños, sobre la percepción de los africanos acerca de este barrio:
La rue, une des plus passantes du quartier nègre de la capitale grouillait. A droite, du côté de la mer, les nuages poussaient et rapprochaient horizons et maisons. A gauche, les cimes des gratte-ciel du quartier des Blancs provoquaient d’autres nuages qui s’assemblaient et gonflaient une partie du ciel. Encore un orage ! Le pont étirait sa jetée sur une lagune latérite de terres charriées par les pluies de la semaine ; et le soleil, déjà harcelé par les bouts de nuages de l’ouest, avait cessé de briller sur le quartier nègre pour se concentrer sur les blancs immeubles de la ville blanche. Damnation ! bâtardise ! le nègre est damnation ! les immeuble, les ponts, les routes de là-bas, tous bâtis par des doigts nègres, étaient habités et appartenaient à des Toubabs. Les Indépendances n’y pouvaient rien !
A. Kourouma, Les Soleils des Indépendances, 1970
Teníamos un día para descubrir el barrio. Tras meses en Korhogo, decidí hacerme un pequeño regalo y pasé dos noches en el hotel Ibis del Plateau. Sinceramente, creo que me lo merecía. El hecho de que de la ducha salga agua caliente, unos baños bien esterilizados, un comedor de estilo occidental, una cama cómoda... eran cosas que casi había olvidado. La habitación estaba en el piso 8, y a la noche las vistas a las lagunas eran espectaculares.



Tras pasar la primera noche de lujo, un descanso que me vino como anillo al dedo, desayuné como nunca: café, bollería, zumo de mango, queso... Esperé a Issa, mi amigo de Korhogo que nos acompañó durante todo el viaje. 

Callejeamos un poco, cruzando grandes calles, en las cuales habían hombres de negocios, personas recogiendo boletines en la entrada del Ministerio de la Función Pública, a la espera de convocatorias de oposiciones... Llegamos, no muy lejos, a nuestra primera parada: La Catedral de San Pablo de Abidjan. Lo primero que me llama la atención es el techo en mal estado. Y esperamos a unas personas que conocimos la víspera en otro punto de la ciudad, que se encargaron de enseñarnos la catedral.


Como si fuera un OVNI, ahí estaba la catedral de San Pablo, abrazando al resto de la ciudad y a sus lagunas. Y es que con sus 70 metros de altura, es uno de los emplazamientos más privilegiados. Construido por empresas italianas e israelíes, Juan Pablo II oficializó la primera piedra en 1980. Empezó a construirse en febrero de 1983 y las obras finalizaron 30 meses más tarde. El proyecto de construcción venía de lejos, desde primeros de siglo, pero no consiguió hacerse realidad, cuando entre 1964 y 1966, con la expansión de la ciudad, el Gobierno de Costa de Marfil lanza un programa público llamado "Edificios religiosos", que consistía en la construcción de 3 grandes centros religiosos: una iglesia católica, una iglesia protestante y una mezquita. En este contexto surge San Pablo de Abidjan.


Su arquitectura representa el misterio de la Santa Trinidad, de ahí su forma triangular. La Trinidad, siendo una, se eleva hacia el Cielo como un velo, símbolo de la elevación y la verdad y presidida por una Cruz un poco ondulada, que simboliza el Cristo resucitado que abraza. "En lo Alto tenéis vuestro objetivo, no en la tierra"  (Col, 3, 1).

Pudimos subir hasta los brazos de la Cruz, desde donde vimos la gran ciudad. Unas vistas, sencillamente, impresionantes.






En el interior, más espacioso de lo que a primera vista podría parecer, lo que más me llamó la atención fueron las vidrieras. Una de ellas está dedicada a la llegada de los primeros misioneros a África, es la más grande. Las demás, representan los 7 sacramentos y las 7 virtudes teologales. 

Vidriera en honor a los primeros misioneros.

Como veis, una visita que me impresionó tanto o más como os estará impresionando a vosotros. Me encantaron las vistas desde los brazos de la Cruz, aunque me hubiera gustado haber subido hasta arriba del todo. En su día era posible, pero tras la guerra post-electoral de 2010-2011, la Iglesia quedó seriamente dañada: el techo con goteras, en muy mal estado, escaleras a la parte alta de la cruz en mal estado... Una pena. El Plateau sufrió cruelmente la guerra, pues en este barrio se encontraba el palacio presidencial donde Gbagbo no salió de su búnker, rechazando abandonar el poder y reconocer la victoria electoral de Alassane Ouattara.


De ahí Issa y yo seguimos deambulando un poco por las calles del Plateau, hasta llegar al Museo de las Civilizaciones, que estaba cerrado. Una pena, pues me interesaba mucho. Hace un pequeño repaso a todas las etnias presentes en Costa de Marfil. Por lo menos pudimos entrar a los jardines...




Seguimos nuestra ruta, parándonos en cualquier sitio que nos llamaba la atención, entrando a supermercados, etc. Llegamos hasta la Gran Mezquita, aún en construcción. En un lugar espacioso y una bonita construcción, se trata de la primera Mezquita del Plateau. Ante el aumento de la presencia de fieles musulmanes en la ciudad, en 1996 comienzan las obras de construcción, aunque en 1999 se paralizan por falta de financiación. En 2007 se forma una comisión especial para relanzar las obras, obras que aún siguen teniendo lugar. He aquí su página web: http://www.lamosqueeduplateau.org/




Y de ahí fuimos serpenteando las calles hasta cruzar el segundo puente que une el Plateau con Treichville, otro de los distritos de Abidjan. Pero nos paramos en la plaza de la República, una gran rotonda (si no la única que he visto), engalanada con banderas de Costa de Marfil, ya que a los días se celebraba el Día de la Independencia, y con una bonita escultura en el centro, que tiene un cuento:

En el siglo 18, cuando los colonos franceses llegaron por primera vez en este lugar (actual Place de la République), se encontraron durante su caminata de reconocimiento con una señora que llevaba en la cabeza una cesta entera llena de hojas. Entablan una conversación, le pidieron información sobre el nombre del lugar donde estaban en ese momento, porque, obviamente, ella vivía allí. La mujer no entendió lo que preguntaron y respondió diciendo: "T'chan M'bi Djan" que en Ébrié significa "Estaba cortando hojas", creyendo que le preguntaron de dónde venía. Los colonos por su parte, pensaron que la mujer respondió a la pregunta, y escribieron - con un poco de error - en su papel de "Abidjan". Así que desde ese día que esta ciudad se llama así.

Y con este bonito relato, nada mejor que despedirme de vosotros. Que os vaya bien y Dios os bendiga!








viernes, 6 de septiembre de 2013

UN PARAÍSO LLAMADO AUDOUIN

Amaneció sobre Costa de Marfil, como todos los días, aunque este día amaneció un poco nublado. Este día íbamos a dedicarlo a visitar otra zona de Abidjan, pero mientras desayunábamos en comunidad junto con los Betherramitas de Youpougon, Alphonse, muy dado a cambios de planes sin avisar, me dice que iremos a Audouin. Ni me sonaba... ¿Qué sería aquello? ¿Está cerca, lejos? ¿A hacer que? Con esas preguntas salimos de la comunidad que me acogió, y en la entrada mismo nos espera un chico algo más joven que yo. Se llamaba Lin Joseph y pasó un año en casa de Alphonse en Korhogo, por motivo de estudios. Un chico reservado pero próximo. Subimos al coche y sigo las indicaciones que me dan, porque lógicamente, no hay ni una sola señal de tráfico.


A pocos kilómetros de la comunidad, abandonamos el asfalto y seguimos la pista, atravesando algunos pueblos y aldeas. Y llegamos a un minibosque de cocoteros al borde de una gran laguna, pues como ya sabéis, Abidjan está enclavado en la región llamada Les Lagunes. 


Me dicen que tenemos que esperar. Esperamos. Al rato la gente empieza a aparecer, como en manada. Me dicen que es gente que va a Audouin. ¿A Audouin? Pero... no entendía nada. Veo que se acerca una barca. La gente empieza a subir, y nosotros hacemos lo mismo. Subimos a la barca y empiezo a intuir a dónde vamos. Audouin debe ser una isla. Esperamos un poco en el barco, mientras unas personas cruzaban la laguna en piraguas de madera. Un cura monta también, con su sotana blanca, es un betherramita. Y la barca suelta amarras y empezamos a cruzar la laguna.




Una veintena de minutos mientras nos dirigíamos a la otra orilla. La isla de Audouin nos recibía con una fina lluvia. Muchas piraguas de madera sobre la arena, la arena próxima al agua, pues todo el pueblo es de arena. 



A paso acelerado por la lluvia, nos dirigimos entre las callejuelas hasta llegar a la iglesia. Allí celebramos la Eucaristía en buen ambiente, con alegría, aunque todos me miraban. Parece ser que es una de las pocas vececs que una persona blanca ha pisado Audouin, pues era el centro de todas las miradas. Al final de la misma, el sacerdote betherramita nos presenta, nos pide unas palabras. Agradecemos a todo el mundo por la acogida y nos presentamos. Al decir que vengo de la tierra de Mikel Garikoitz, fundador de los Betherramitas, y que me bauticé, hice la primera comunión y me confirmé en una parroquia betherramita, toda la asamblea se puso en pie y nos aplaudió. A la salida, algunos vinieron a estrecharme las manos con una sonrisa. 



Uno de los asistentes, amigo de Alphonse y que vivió durante muchos años en Korhogo, nos invitó a su casa, a tomar algo. Allí fuimos, bajo la incesante lluvia fina. Nos recibe la mujer, una señora muy simpática y manda a un pequeño a comprar unos refrescos. Charlamos durante más de una hora. Una charla amena, agradable y sobre muchas anécdotas. La lluvia había parado. Damos un pequeño paseo por Audouin antes de embarcar y volver. 







Como veis, fue una mañana agradable en un entorno que si no era el paraíso, se parecía a él. Y tras estos buenos momentos, nada mejor que comer algo en un puesto ambulante del barrio Adjamé: pescado y patatas para compartir.



martes, 27 de agosto de 2013

YAMOUSSOUKRO A RITMO DE BALAFON


24 y 25 de agosto de 2013.

Este fin de semana ha sido una verdadera gozada, intenso y provocando sentimientos encontrados. En cada parroquia de Korhogo existen dos corales, la francófona y la senufa, y todas las corales senufas se aglutinan en un gran grupo llamado "Maîtrise Saint Michel", que organizó una peregrinación a la capital política de Côte d'Ivoire, Yamoussoukro. Me dieron la oportunidad de unirme al grupo, capitaneado por Ramón, y no dudé: sería una gran experiencia.

Tras acudir a misa de 6.30 y desayunar con Ramón en la casa parroquial de Téguéré, montamos en el coche, repostamos y nos pusimos a la cabeza del convoy de 13 minibuses con 250 personas para avisar a los gendarmes en los corridores que hay en las entradas y salidas de cada ciudad. Unas tres horas y media de carretera, en el cual hablamos de mil y un asuntos y nos encontramos con situaciones totalmente africanas, como la siguiente.


Pasado el mediodía, llegamos al colegio del barrio CEDEAO de Yamoussoukro, un barrio llamado así (la CEDEAO es la Comunidad Económica de Desarrollo de África Occidental) ya que la mayoría de sus habitantes son personas de otras etnias del país y de países como Burkina Faso, Bénin, Togo, Mali, etc. Allí nos esperaban los anfitriones, los Senufos que viven en Yamoussoukro, visiblemente emocionados. Tras ofrecernos un vaso de agua, acompañado del Fotamana (bienvenidos!), nos hacen sentarnos en un corro para las primeras palabras de acogida y pedir las noticias (una manera de preguntar qué tal va todo).


Se bendice la comida, compuesta básicamente de arroz y cerdo, y nos dirigimos a visitar la basílica Nuestra Señora de la Paz. Al llegar, presididos por la Cruz, entramos a la basílica Nuestra Señora de la Paz, donde nos recibe el decano de la misma, un sacerdote polaco. Comienza la visita de algo más de una hora.



La basílica de Yamoussoukro, erigida para honrar a Dios y celebrar la Paz y el Amor en Costa de Marfil (cuanto menos contradictorio en un país que ha sufrido la guerra y la represión durante la última década), es el mayor edificio católico del mundo, mayor incluso que la de San Pedro, en Roma, el cual se convirtió en su modelo sin la intención de copiarla exactamente. Pero no me voy a extender sobre esto, pues existe ya un vídeo explicativo:



Una visita que no deja a nadie indiferente, pero pude apreciar que se trata de un motivo de orgullo para los africanos.




Tras la visita, Ramón y yo nos dirigimos al edificio de piedra que se encuentra tras la basílica para dejar su maleta. Allí Ramón dice que soy misionero laico y su ayudante, a lo que el decano ordena preparar una habitación para que pase la noche, de manera gratuita. Totalmente inesperado, pues las 250 personas dormirían en el colegio, sobre alfombras y colchonetas, en ambiente de fiesta. Impresionado... una habitación y un edificio de lujo! Me sentía mal... Sé que no dormiría en el colegio, pensaba alojarme en algún hotelito de la ciudad, pero...




La mañana del domingo amanece soleado y sin excesivo calor, y tras una ducha con agua caliente (¡qué gustazo!) y desayunar junto con los demás curas, decido dar un paseo por la zona, disfrutando de las vistas, de los contrastes, reflexionando... Una hora de silencio mientras paseaba.

Y los minibuses fueron llegando, las 250 personas vestidas con la tela del grupo y con caras de sueño (se pasaron toda la noche cantando y bailando a ritmo de balafón). Se fueron instalando en el interior de la basílica y se celebró la Eucaristía, presidida por Ramón, no sin antes rezarle a la Vírgen un rosario por la paz y la reconciliación, que tanto necesita este país. 

Me impresionó cómo retumbaban los balafones y las palmas, elevándose al cielo. El Pueblo Senufo, tantas veces pisoteado, ignorado... ahí se encontraba, en el mayor de los edificios de África. Dignidad... respiré dignidad, orgullo y voluntad de reconciliación. Un mensaje, sin palabras, totalmente evangélico. Un Senufo me decía lo orgulloso que está del cristianismo, sobre todo del catolicismo, pues es la única religión que acepta la presencia de su cultura en los ritos. Pasado, presente y futuro. Tierra sagrada para los Senufo, cielo sagrado, y en medio, la Humanidad, tan necesaria de valores evangélicos como el respeto, la empatía, la paz, el amor, la justicia...




Tras comer y despedirnos de quienes nos recibieron, volvimos al "campamento base", al colegio donde los Senufos terminaban de comer y montaban a los minibuses. No volví con Ramón, pues tenía que ir a Abidjan. Un largo viaje, en el que uno de los buses tuvo una avería, una decena de paradas para que las más mayores se liberaran, y alguna que otra parada más para beber y comprar algo de comida. A la salida de Yamoussoukro, una gran cantidad de vendedores de plátanos, producto de la zona y no muy caro si lo comparamos con su precio en Korhogo. Decenas de racimos de plátanos nos acompañaron durante toda la ruta. Y todo ello, en un inmejorable ambiente, cantando...



Y con esto finalizó un fin de semana intenso, disfrutando de los descubrimientos y sobre todo de la compañía. Sentimientos encontrados constantemente. Sorprende ver semejante obra de arte rodeada de campos, cerca de la ciudad donde el paisaje humano es típicamente africano, con sus vendedores ambulantes, etc. La primera reacción es de sorpresa, seguida de enfado. ¿Cómo puede existir esto aquí y ahora? Durante su construcción, hubo muchísimas quejas. Normal. El propio Ramón estaba totalmente opuesto, debido a la gran inversión (no solo de Costa de Marfil, sino también del Vaticano) mientras la pobreza se encuentra a menos de un kilómetro. Pero una vez construido, y tras dos décadas de existencia, la basílica Nuestra Señora de la Paz es motivo de orgullo para los marfileños, como una seña de identidad. Y cómo no, una atracción turística potencial que se ha visto empañada por los sucesos políticos de la última década. Si el país avanza hacia una mayor seguridad y estabilidad, como ya ha empezado a hacerlo, sin duda será un foco turístico que permitirá que muchos extranjeros vengan, se alojen en hoteles y dejen sus francos CFA. Por de pronto, vimos algunos autobuses extranjeros. Buena señal. Una basílica que, acompañada por un hospital infantil aún en construcción, se erige por la paz y la reconciliación. 

Sentimientos encontrados. Efectivamente. Pero estos sentimientos encontrados me acompañan desde que pisé tierra africana el 22 de enero de 2013. Y es que África... NUNCA DEJA INDIFERENTE. TE IMPACTA Y TE CONTRADICE.